Energía Femenina, el Poder de lo Sutil
Dra. Patricia Cides

Me gustaría comenzar esta reflexión citando al Dr. Bruce Lipton, biólogo que ha dedicado su vida al estudio del comportamiento celular, su interacción con el entorno y la importancia de las creencias y emociones en el funcionamiento de las células de nuestro cuerpo.

“Tenemos la capacidad y, en mi opinión, la responsabilidad evolutiva de acabar con la violencia. La mejor forma de hacerlo es darse cuenta de que somos seres espirituales que necesitan tanto el amor como la comida.”

“La supervivencia de los que aman conscientemente asegurará no solo una vida personal saludable, sino también un planeta sano.”

Venimos de siglos de prevalencia de la energía masculina, tanto en hombres como en mujeres, y como resultado hemos creado un mundo más competitivo que cooperativo, con todo lo que eso implica.

Estamos en un momento de grandes cambios y desarrollar plenamente la energía femenina puede permitirnos crear otra realidad.

Me gusta hablar de energía femenina porque abarca a todos los seres, si bien las mujeres, en general, tienen una tendencia natural a conectar con ella. Esta energía se vincula con la intuición, el amor, la compasión, la receptividad, la gratitud y la cooperación.

En rasgos generales podríamos decir que la mente dual funciona más en energía masculina, mientras que el ser —o nuestra parte espiritual— se expresa más en energía femenina. Ambas están siempre presentes; de hecho, se necesita la determinación y la concreción de la energía masculina para decidir desarrollar más la femenina.

Necesitamos aprender de ambas y funcionar en equilibrio, como el yin y el yang, para constituirnos como seres completos que vivan en plenitud todas sus capacidades.

Muchas veces se confunde energía con género y con comportamientos, juzgando a una como mejor que la otra. Esto se encuentra asociado al condicionamiento cultural, la educación, los mandatos y la información heredada de nuestros ancestros.

En mi historia de vida, durante gran parte de mi desarrollo laboral prevaleció en mi comportamiento la energía masculina. Trabajé en el área quirúrgica ginecológica en el Hospital Ramos Mejía durante más de 14 años, en un mundo que durante mucho tiempo había sido casi completamente de hombres. Para ser competente, interpreté que debía adquirir características masculinas.

En ese momento estaba polarizada, ejerciendo lo que creía que me permitiría desarrollarme y realizarme:
“Para pertenecer a ese mundo de hombres debo comportarme como tal”.
Y el entorno permanentemente reforzaba esa creencia.

Posteriormente comencé a conectar con mi mundo emocional. Fueron años de mucho aprendizaje y de cambios. Por momentos, como ocurre en todo proceso evolutivo, pasé de un extremo a otro —lo que llamo comportamiento pendular—, paso necesario para finalmente llegar al camino del medio.

Las crisis vitales vienen a sacudirnos y hacernos cambiar, si lo permitimos.

Aprendí otras formas de medicina más holísticas, con medicamentos y terapias alineadas con el lenguaje del cuerpo.

De mi recorrido personal y de la enseñanza de mis pacientes confirmé que un cuerpo sano necesita una mente sana, y eso me motivó a capacitarme en los métodos de bioneuroemoción y exploración consciente del inconsciente.

Estos nuevos conocimientos para tratar el cuerpo y la mente los adquirí formándome con personas muy queridas, con quienes compartía la misma búsqueda, fundamentalmente de España, Colombia y Alemania.

De esta manera transformé mi enfoque diagnóstico y terapéutico, evaluando a la persona integralmente: desde el cuerpo físico hasta los programas inconscientes que condicionan su vida y su salud.

Sigo desarrollando la energía femenina que habita en mí. En otra época, erróneamente, la asociaba a debilidad y sumisión; creo que por eso no me permitía vivirla.

Aprendí el poder de lo sutil, la fuerza infinita del amor, el respeto por la intuición y la creencia de que somos parte de un todo.

Si tuviera que explicar qué aporta la energía femenina a nuestra vida, diría: cooperación, hacer comunidad, conectar desde el corazón y creer en la posibilidad de una realidad más pacífica, saludable e inclusiva.

Creo que el gran desafío de aquellos que conectan con esta energía es hacerla crecer y generar cambios en el entorno a partir del desarrollo personal.

Desde mi humilde opinión, a las mujeres —portadoras de una conexión más natural con la energía femenina— las invito a desarrollarla desde el autoconocimiento, la confianza en la intuición y el lenguaje del corazón, recordando nuestra capacidad de amar y de ser libres.

Comparto el sentipensar de Lipton: es nuestra responsabilidad hacer algo diferente y ejercer el poder de lo sutil, el amor.

Si conectamos con nuestra esencia, podremos recordar a los hombres la energía femenina que habita en ellos y, juntos, ejercer una energía única. Para llevar a cabo esa misión, necesitaremos nosotras ejercer también nuestra energía masculina.

A los hombres —a quienes he aprendido a conocer en profundidad— los invito a permitirse soltar la carga de ser siempre proveedores, devolver parte de ese poder a la mujer y aprender a recibir, dejarse cuidar y amar.

En un momento en que pareciera que hablar de género puede interpretarse como un prejuicio, yo creo profundamente que todos los seres compartimos la misma esencia. Si vinimos con diferentes características físicas, quizá sea porque debemos aprender y recordar la unidad e igualdad de nuestra esencia, y que todos somos parte de un mismo todo.

Podemos crear en el presente el futuro que deseamos.
De nosotros depende.